Llegaron los exámenes

“¡Es mucho para estudiar!” “¡No llego!”

“¡Tengo muchas materias para levantar!” …

Estas son frases frecuentes de los jóvenes en la época de finalización de clases. ¿Y los adultos qué hacemos? En general, padres y docentes queremos ayudar a los chicos en esta etapa, pero ¿cómo?

Bueno, no hay recetas infalibles. Entonces… intentaré analizar algunos problemas relacionados con las situaciones y sentimientos propios de los alumnos frente a los exámenes que permitan vislumbrar algunas estrategias que faciliten el tránsito y “feliz desenlace” en este período.

Comencemos por el principio: la organización.  En general no se presta mucha atención a las estrategias de organización en el estudio pero estas son muy importantes para un buen desempeño en los exámenes.  Les propongo leer algunas ideas al respecto:

  • Para organizar el tiempo de manera adecuada es importante aprender a planificar, es decir anticipar las actividades que se van a realizar, calcular el tiempo que  demandarán y asignar un día y un horario para su realización.
  • Llevar una agenda es un modo apropiado y práctico para aprender a planificar, de esta manera se evitan “olvidos” y se distribuye el tiempo de manera realista.
  • Es muy común  creer que se puede  “recuperar el tiempo perdido” en un día, dedicando seis o siete horas al estudio, sin embargo, la mayoría de las veces esto no es suficiente ya que luego de dos horas de estudio la atención decae, lo cual lleva a perder el tiempo.  Siempre es mejor dedicar unas horas diarias y ser constante.

La base del éxito en las evaluaciones está en el trabajo “antes” del examen.  ¿Esto que quiere decir?  La preparación para un examen consiste nada más ni nada menos que participar en el desarrollo de la materia clase a clase.  Esto que parece una obviedad es subvalorado por muchos estudiantes, que, “confiados” dejan todo para último momento.

Por esta razón quisiera poner énfasis en el proceso, porque no olvidemos que la “nota” es una valoración que nos indica cómo se llevó a cabo un proceso. Así, es importante destacar que las explicaciones en clase, las actividades escolares y extraescolares que indican los profesores constituyen estrategias pedagógicas que tienen como finalidad que los alumnos adquieran los conocimientos, aparezcan los errores y dudas, se ejerciten los procedimientos, etc.  Por aburrido que les resulte a los alumnos.  Basta un ejemplo como muestra: si una persona quiere aprender a andar en bicicleta, el sólo hecho de tener la bicicleta en su casa no bastará, serán necesarias horas de “entrenamiento” para adquirir esta destreza, ni hablar de las caídas, el “vértigo” – o el miedo- que se siente cuando por primera vez nos damos cuenta que “andamos solos”.

En este sentido, el sólo hecho de ir a clase y contar con los libros o cuadernillos (al igual que la bicicleta) no es suficiente para aprender. Es necesario que los chicos comprendan que la clase y las tareas son el “entrenamiento” que hace falta para adquirir los conocimientos que luego se evaluarán. Dialogar sobre estos temas en familia es muy importante.

Otro aspecto a tener en cuenta es la utilización de técnicas que permitan la síntesis de la información que se trabaja en las diversas asignaturas.  Es indispensable que los alumnos aprendan a estudiar de forma autónoma.  Para ello la escuela propone un espacio curricular que enseña a los alumnos en primer año las técnicas que facilitan el estudio. La puesta en práctica de dichos procedimientos es un hábito que se debe estimular y construir en el día a día.

En muchas oportunidades, los chicos insumen todo el tiempo de estudio en buscar los materiales necesarios, completar las carpetas, etc. lo que  lleva a que “falte” tiempo para sentarse a estudiar.  Frente a páginas y páginas de las diferentes materias para estudiar: ¿Qué hacen los jóvenes? En general se presentan a las pruebas sólo con una lectura de algunos temas (los que alcanzaron a “ver” la noche antes) o repiten de “memoria” los conceptos, lo cual no asegura un buen desempeño en las evaluaciones.

Si como adultos queremos ayudar a los chicos en su aprendizaje tenemos que insistir en que no basta la sola lectura del texto o la carpeta.  Se debe subrayar, resumir o sintetizar en esquemas la información que se va “viendo” en clase. Muchas teorías del aprendizaje nos advierten que la adquisición de conocimiento implica la realización de múltiples actividades que se refuerzan entre sí: leer, escuchar, escribir, dibujar, etc. El resultado de este trabajo se verá en el momento de los exámenes en que se aprovechará el tiempo haciendo un repaso.  De esta manera evitaremos las frases: se “junta” todo, “es mucho para estudiar”, etc.

Finalmente creo  que todo lo dicho se resume en una frase popular “es mejor prevenir que curar”.  Por eso decidí escribir estas líneas anticipándome a la etapa final de exámenes, espero sean de utilidad para todos los que integramos la comunidad del General Paz.

Prof. Silvia Calderón.

 
     

 

 

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